IA²: Inteligencia Artificial con Integridad Académica

Columnas AEQUALIS #38. Septiembre 2026

Ricardo Vilches Troncoso,
Académico,
Facultad de Ingeniería y empresa,
Universidad Católica Silva Henríquez

No cabe duda de que estamos viviendo un momento histórico y extraordinario, en cuanto a la revolución tecnológica aplicada en la formación de personas y en el desarrollo de las profesiones. Aquí es clave recordar que la primera IA que todos debemos conocer corresponde a Integridad Académica.

Si bien la tecnología ha evolucionado junto con las sociedades, nunca los estudiantes habían tenido tanto acceso inmediato a información que, en muchos casos, confunden con conocimiento. En la actualidad, basta con escribir una pregunta para obtener, en cuestión de segundos, como respuesta: resúmenes, explicaciones, ensayos, análisis que aparentemente están perfectos y los estudiantes sin cuestionarlos siquiera, los asumen como una verdad. Si bien la inteligencia artificial ayuda a democratizar el acceso a la información en ciertos extractos de la población [no en todos por cierto], y para muchos ha transformado profundamente la manera en que las personas aprenden y trabajan, lo delicado es que en varios casos eso lo relacionan con y como conocimiento.

Lo que podemos observar es que mientras la tecnología avanza a una velocidad exponencial, emerge una pregunta mucho más importante que la propia innovación tecnológica: ¿estamos formando personas capaces de utilizar la inteligencia artificial con integridad?

Un concepto clave de entender es IA², donde la primera IA representa la Integridad Académica y la segunda la Inteligencia Artificial, o viceversa. Esto no es solo un juego de palabras, es claramente una manera distinta de comprender el principal desafío que enfrentamos hoy quienes somos formadores en educación superior.

En los tiempos actuales, es fundamental que antes de enseñar a utilizar herramientas inteligentes, las universidades deben formar personas íntegras, donde la inteligencia artificial no sea un atajo al conocimiento, sino una herramienta que permita profundizar el conocimiento, fortalecer el juicio profesional, y así tendremos más personas con Integridad Profesional.

La integridad académica e integridad profesional se pueden ver de una manera tan sencilla como exigente: ¡hacer las cosas bien, incluso cuando nadie nos está mirando! Esto que parece tan obvio, hoy adquiere una enorme importancia, pero debemos enseñarlo en las aulas universitarias como algo primordial. No recuerdo a generaciones mayores que aparentaran que aprendieron algo sin haberlo aprendido realmente. Hoy, para muchos es tan sencillo presentar un trabajo impecable, bien redactado, sin haber leído un libro completo, sin haber reflexionado sobre un problema o sin haber construido una opinión propia, y creer que lo presentado es una verdad absoluta, sin siquiera cuestionarlo.

No comparto la opinión de quienes dicen que la inteligencia artificial creó este problema, porque desde mi opinión ya ocurría, por ejemplo, con el acceso a internet y las diferentes consultas que se pueden hacer en sus buscadores, pero ciertamente la inteligencia artificial lo hizo mucho más visible.

Es bien común observar a estudiantes que, frente a una lectura breve de unas veinte páginas, prefieren solicitar un resumen generado por una plataforma de inteligencia artificial, antes de leer el documento, analizar distintas perspectivas, contrastar autores o elaborar un juicio crítico. Prefieren una respuesta inmediata sin cuestionar en lo más mínimo lo entregado por la plataforma utilizada. El resultado puede parecer muy eficiente, pero el aprendizaje claramente no lo es, y es deficiente o nulo.

Hoy la universidad tiene un riesgo, porque sus estudiantes pueden confirmar fácilmente la producción de respuestas inmediatas, con la adquisición de conocimiento y competencias que le permitan un buen desarrollo profesional futuro. El aprendizaje conlleva equivocarse, leer una y otra vez aquello que resulta difícil de comprender, analizar variadas y distintas posturas frente a una situación, desarrollar argumentos propios, formularse preguntas que en mucho de los casos no se encuentra una respuesta y, con ello tener incertidumbres antes de llegar a una conclusión final.

Aprender no consiste solo en obtener la respuesta correcta, dado que es un proceso lento, exigente y profundo, donde precisamente se desarrolla el pensamiento crítico de estudiantes y profesionales. Si bien la inteligencia artificial puede entregar respuestas inmediatas y en varios casos correctas, lo que no puede hacer es vivir un proceso intelectual que transforma personas.

Hoy uno de los desafíos más importantes de las instituciones formadoras de personas, ya no consiste solo en incorporar inteligencia artificial a sus salas de clases, sino que más va allá: el verdadero desafío se transforma en formar personas que sean capaces de utilizarla responsablemente, entendiendo que ninguna tecnología reemplaza la honestidad intelectual, el criterio profesional ni la responsabilidad ética. Es aquí donde aparece un tema que pocas veces queremos discutir, que corresponde a la responsabilidad del estudiante, de hacerse cargo de su propio proceso de aprendizaje, con integridad académica en cada una de sus acciones.

Los estudiantes muchas veces responsabilizan al profesor, a la universidad o incluso a las plataformas tecnológicas, sobre su resultado y aprendizaje, siendo que instruirse, siempre debe ser una acción netamente personal. No se puede obligar a una persona a querer aprender, a desarrollar curiosidad si en el fondo solo busca aprobar asignaturas a su estilo, y luego los efectos son que materia validada materia olvidada, producto de no haber aprendido profundamente lo que se está estudiando.

Los alumnos deberían preguntarse, constantemente: ¿estoy estudiando para aprobar una asignatura o para convertirme en el profesional de confianza para la sociedad? Esta diferencia puede cambiar plenamente la forma de utilizar inteligencia artificial, en un proceso de aprendizaje y transformación de las personas.

Los estudiantes que se preparan únicamente para cumplir con una evaluación, es muy probable que vean estas herramientas como un mecanismo para ahorrar tiempo y esfuerzo, porque la pereza [flojera] les caracteriza cuando se tiene todo a la mano en tan poco tiempo, y a una velocidad increíble. Por otro lado, quienes realmente desean aprender, utilizarán dichas herramientas para ampliar perspectivas, contrastar información, profundizar conceptos y enriquecer su conocimiento sobre una temática de interés genuino. Ahí es donde la herramienta no hace la diferencia, sino que la diferencia la hace la persona que decide cómo y para qué utilizarla.

Las universidades no pueden permanecer indiferentes ante esta evolución tecnológica exponencial, ni seguir haciendo lo que históricamente hacían en cuanto a solo transmitir conocimientos, sino que debe reformular la manera de formar personas, desarrollar pensamiento crítico y contribuir a la construcción, al desarrollo de una sociedad más ética y responsable. Formar profesionales íntegros implica rediseñar metodologías de enseñanza, transformar las formas de evaluar y, sobre todo, recuperar el valor del proceso de aprendizaje por sobre el resultado inmediato. Significa que citar correctamente importa, que reconocer las ideas de otros es un acto de honestidad intelectual y que utilizar inteligencia artificial exige transparencia, criterio y responsabilidad.

La inteligencia artificial seguirá evolucionando, los algoritmos serán cada vez más rápidos, más precisos y más sofisticados, pero no podemos olvidar que ninguna innovación tecnológica debe sustituir valores como la honestidad, la responsabilidad, el juicio crítico o la integridad.

El mayor desafío de nuestros tiempos en las universidades e instituciones de educación superior no es enseñar más Inteligencia Artificial, sino más bien enseñar, primero y siempre, Integridad Académica, porque más y mejor tecnología no reemplazará nunca la ausencia de valores.

La verdadera inteligencia no debe ser la de las máquinas, sino la de las personas que deciden utilizarlas para hacer lo correcto, incluso cuando nadie las esté mirando.



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Author: Ricardo Vilches
Académico Facultad de Ingeniería y empresa Universidad Católica Silva Henríquez

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