Aprendizaje sin pausa: Más allá del título inicial en la FTP
- octubre 20, 2026
- Posted by: Fundación Aequalis
- Categoría: Columna, FORMACIÓN TÉCNICO PROFESIONAL
Columnas AEQUALIS #43. Octubre 2026
Pabla Ávila Fernández,
Vicerrectora de Desarrollo Institucional, IP ECAS
Fernanda Lemunguir Sepúlveda,
Directora de Educación Continua, IP ECAS
La reflexión sobre el valor y pertinencia de la Formación Técnico-Profesional (FTP), nos sitúa en un contexto de cambios estructurales profundos y acelerados. La digitalización, los avances en inteligencia artificial, las nuevas dinámicas demográficas y la evolución de los mercados laborales convergen para configurar un entorno donde la incertidumbre deja de ser una excepción y se convierte en una condición permanente. En este contexto, la rápida obsolescencia de habilidades y la creciente demanda por trayectorias de aprendizaje y desarrollo profesional más personalizadas plantean nuevos desafíos para la formación y el empleo.
En medio de esta urgente demanda por desarrollar capacidades en escenarios de constante transformación, readquieren fuerza y vigencia enfoques de larga data como el del aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning), que hoy se configura como un escudo de supervivencia para las personas frente a la acelerada transformación del empleo y de las competencias que este demanda.
Efectivamente, la formación permanente se plantea hoy como una necesidad imperativa. El concepto se ha utilizado de manera amplia para referirse a toda instancia posterior a la obtención de un título: aquella formación que complementa, robustece y permite redireccionar trayectorias formativas para enfrentar la rápida reconfiguración de habilidades requeridas. El informe The Future of Jobs Report del Foro Económico Mundial (WEF, 2025) estima que cerca del 40 % de las habilidades requeridas en el mercado laboral se habrá modificado para el año 2030. En la medida en que las exigencias laborales cambian y los plazos de adquisición se acortan, el foco en el desarrollo de formaciones específicas cobra mayor relevancia. A ello se agrega que la brecha mundial de empleo —que abarca a las personas que desean un trabajo remunerado, pero no pueden acceder a él— alcanzará los 408 millones de personas en 2026 (Informe sobre Tendencias Sociales y Empleo, OIT, 2026). En Chile, la tasa de desocupación alcanzó el 9,6% en el trimestre junio-agosto de 2026 (INE) y el empleo informal ha ido en aumento, impactando principalmente a mujeres.
Son diversas las estrategias que se han formulado para responder a este escenario. En esta línea, destacan los planteamientos de la OCDE, que sitúan a las habilidades como un eje central para el funcionamiento y la productividad del mercado laboral. Desde esta perspectiva, se promueven ajustes sistémicos orientados a la generación de trayectorias de aprendizaje incrementales y personalizadas. Estas alternativas contemplan una articulación efectiva con los sistemas educativos formales, los marcos de cualificaciones y los sistemas de datos integrados, con el propósito de garantizar la portabilidad y la apilabilidad de los aprendizajes adquiridos (A Skills-First Labour Market, OECD, 2026).
La FTP posibilita y promueve caminos variados de formación, especialización y desarrollo profesional, desplegándose tanto en el ámbito formal como en el no formal. En este marco, los datos de formación continua impartida por instituciones de educación superior evidencian un importante crecimiento, entre 2022 y 2026 la matrícula de postítulo casi se duplicó y hoy seis de cada diez matrículas corresponden a mujeres (SIES, 2026). El Sistema Nacional de Competencias Laborales, ChileValora también ha tenido un crecimiento interesante en cobertura y reconocimiento de la certificación, en 2025 sus certificaciones crecieron un 50% respecto del año anterior (ChileValora, 2026). Sin embargo, persiste una débil articulación sistémica entre estos espacios formativos.
En materia de reconocimiento hay avances y hoy 231 carreras técnico-profesionales permiten reconocimiento de asignaturas a quienes cuentan con una certificación de ChileValora (ChileValora, 2026). Las piezas para construir trayectorias, en buena medida, existen, pero su articulación todavía depende de convenios que cada institución decide suscribir y no de reglas comunes al sistema. Lo mismo ocurre con las microcredenciales. A diferencia de la Unión Europea, que cuenta con una recomendación común desde 2022, en Chile aún no hay una regulación que defina cómo se reconocen y apilan para avanzar hacia credenciales de mayor nivel. ¿Cómo lograr que cada certificado que una persona obtiene a lo largo de su vida laboral se sume a una trayectoria y no quede como un logro aislado?, parte de la respuesta está en manos de las propias instituciones, en particular en las de FTP, que pueden diseñar su oferta a partir de resultados de aprendizaje, vincularla a perfiles ocupacionales y definir desde el inicio opciones de reconocimiento e integración en sus carreras en la oferta de formación continua. La otra parte requiere reglas comunes que den a esos reconocimientos validez más allá de cada institución.
A ello se agrega que no existe certeza sobre cuánto valoran los empleadores estas credenciales, un vacío que la propia OCDE ha advertido (OCDE, 2023) y que exige involucrar a los sectores productivos en su diseño. Por otra parte, para quien trabaja, es la flexibilidad de horarios y formato lo que define si puede o no actualizar sus competencias o reconvertirse laboralmente. Sin esa flexibilidad, el aprendizaje a lo largo de la vida corre el riesgo de quedar al alcance de unos pocos.
En este contexto, resulta pertinente que la política pública avance hacia la consolidación de mecanismos de reconocimiento, aseguramiento de la calidad y financiamiento que favorezcan el desarrollo de trayectorias formativas diversas, flexibles y pertinentes a lo largo de la vida. Ello supone resguardar que las distintas credenciales y experiencias de aprendizaje sean portables, apilables y respaldadas por estándares de calidad consistentes. En esta dirección, los marcos de cualificaciones han mostrado ser una herramienta estratégica, en tanto contribuyen a otorgar mayor legibilidad y comparabilidad a las credenciales, facilitan su ordenamiento en función de resultados de aprendizaje y permiten visualizar múltiples rutas para alcanzar niveles progresivos de cualificación. Asimismo, fortalecen la articulación entre distintos niveles educativos y entre aprendizajes adquiridos en contextos formales, no formales e incluso informales.
Avanzar en esta agenda no solo responde a las transformaciones del mundo del trabajo y del aprendizaje, sino que constituye una condición habilitante para construir un sistema de formación más inclusivo, adaptable y preparado para los desafíos del Chile futuro. Un sistema capaz de reconocer los aprendizajes con independencia del contexto en que se adquieren y en el que ninguna persona deba reiniciar su trayectoria cada vez que emprende una nueva etapa de formación. Si una sola formación ya no alcanza para toda la vida laboral, ¿por qué seguimos entendiendo el título como una meta final y no como un hito dentro de un proceso continuo de aprendizaje?