Acortar las carreras: una discusión necesaria, pero insuficiente
- agosto 18, 2026
- Posted by: Leopoldo Ramírez
- Categoría: Columna, FUTURO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR
Columnas AEQUALIS# 31. Agosto 2926
Leopoldo Ramírez Alarcón,
Director de Agenda Normativa,
INACAP
La discusión sobre la duración de las carreras de educación superior se ha instalado nuevamente en el debate público. No es una conversación nueva, puesto que desde hace años se observa que muchas carreras en Chile presentan una duración superior a la de programas equivalentes en otros países, con implicancias para estudiantes, familias, instituciones y el propio Estado.
Sin embargo, la pregunta más importante no es cuánto podemos ahorrar reduciendo años de estudio, sino qué educación superior necesita Chile para enfrentar los desafíos del porvenir.
Parece haber consenso en que sería un error que el principal motor de esta discusión fuese la contención del gasto público asociado al financiamiento estudiantil o a la gratuidad. Aunque los recursos fiscales involucrados son significativos y exigen una gestión responsable, las reformas educacionales no deberían diseñarse prioritariamente desde la lógica presupuestaria. Cuando la educación se reforma para gastar menos, existe el riesgo de terminar formando menos.
La reducción de la duración de las carreras solo tiene sentido si responde a objetivos académicos claros. En primer lugar, debe fortalecer la pertinencia de la formación frente a fenómenos como la transformación digital, la inteligencia artificial y los cambios en el mundo del trabajo, más aún en el actual contexto de alto desempleo. En segundo lugar, debe resguardar los estándares de calidad que el país ha construido mediante sus mecanismos de aseguramiento y acreditación.
No basta con eliminar semestres. La discusión exige revisar perfiles de egreso, resultados de aprendizaje, metodologías de enseñanza-aprendizaje y mecanismos de reconocimiento de aprendizajes previos. También obliga a preguntarnos cuáles son las competencias que las personas necesitarán desarrollar a lo largo de su vida: pensamiento crítico, resolución de problemas, alfabetización digital, adaptabilidad y aprendizaje continuo, entre otras.
Pero existe un desafío aún mayor. La duración de las carreras universitarias no puede analizarse aisladamente del resto del sistema educativo. Una formación superior más breve supone revisar qué conocimientos y competencias están siendo desarrollados en la educación escolar, así como el papel de la formación técnico-profesional y las posibilidades de articulación entre distintos niveles formativos. Debemos reconocer que la educación secundaria tiene heterogeneidades y evidencia algunas deficiencias que requieren ser resueltas para asegurar que los estudiantes que van desde la enseñanza media a terciaria tengan las competencias adecuadas para una verdadera experiencia de educación superior.
Por ello, más que una modificación regulatoria focalizada en ciertas carreras, Chile necesita una reflexión sistémica sobre las trayectorias educativas de las personas. La pregunta no es solamente cuántos años debe durar una carrera universitaria, sino cómo construir un sistema educativo coherente, articulado y pertinente y oportuno para los desafíos de nuestro tiempo.
Reducir la duración de las carreras puede ser una buena idea. Pero solo será una buena reforma si forma parte de una transformación más amplia de la educación chilena. De lo contrario, corremos el riesgo de confundir una medida administrativa con una verdadera política de desarrollo para el país.