¿Sobrevive el saber Técnico-Profesional a la inteligencia artificial?
- octubre 6, 2026
- Posted by: Fundación Aequalis
- Categoría: Columna, FORMACIÓN TÉCNICO PROFESIONAL
Columnas AEQUALIS # 42. Octubre 2026
José Cancino Vicente,
Vicerrector desarrollo institucional,
INACAP
María Paz Hermosilla,
Directora Inteligencia Artificial,
INACAP
En 2016, AEQUALIS publicó una reflexión sobre la identidad y el valor de la formación Técnico-Profesional (TP) en Chile. La situó en su vínculo con el mundo del trabajo, su carácter convocante para estudiantes de perfiles muy diversos, la formación a lo largo de la vida, una enseñanza centrada en el hacer y docentes que unen oficio y pedagogía. Diez años después, esa definición enfrenta una prueba que entonces apenas se insinuaba: una tecnología capaz de redactar, analizar datos, programar y sugerir decisiones en segundos.
La pregunta que inquieta al mundo educativo es directa: si las máquinas asumen una parte creciente de las tareas, ¿qué queda del saber técnico? Conviene reformularla. La mecanización agrícola y la informática eliminaron tareas, transformaron ocupaciones y crearon otras nuevas, con costos que no se repartieron por igual. La cuestión relevante no es si el saber TP sobrevive, sino qué parte de él gana valor y quiénes estarán en condiciones de aprovecharlo.
La evidencia chilena reciente ayuda a situar esta discusión. El estudio Empresas en transición, elaborado por la Cátedra Carlos Vial Espantoso de la Escuela de Administración UC, recogió la visión de gerencias de personas y dirigentes sindicales de grandes empresas. Sus resultados muestran que la inteligencia artificial pasó a encabezar la agenda de las áreas de personas. Aun así, solo un 10,4% de las organizaciones consultadas declara una implementación estratégica o extendida. Las demás aún no la utilizan, la aplican de manera parcial o se encuentran desarrollando experiencias piloto.
Esa distancia entre la prioridad declarada y la adopción real dice mucho. Las herramientas están disponibles y mejoran con rapidez. Lo escaso es la capacidad de integrarlas en procesos concretos, adaptarlas a cada contexto, comprobar si funcionan y hacerse cargo de sus efectos. Ese tramo, entre el prototipo y la operación cotidiana, ha sido históricamente territorio de técnicos y profesionales. La reflexión de 2016 lo describía con una imagen precisa: la formación TP opera en la frontera, donde los desarrollos tecnológicos se aplican a la realidad material y surgen problemas que ningún manual anticipó.
De ahí que el aprendizaje basado en el hacer adquiera hoy un sentido nuevo. En aquel texto, el hacer no era repetición mecánica, sino un diálogo entre la cabeza y la mano: localizar el problema, indagar sus cualidades y descubrir lo que no era evidente. Un sistema de IA puede reconocer patrones y producir una recomendación plausible. La competencia profesional consiste en situarla, contrastarla con la experiencia, advertir lo que los datos no muestran y responder por la decisión adoptada.
Esa responsabilidad ya forma parte de decisiones que afectan directamente a las personas. Entre las áreas de personas que utilizan inteligencia artificial, un 46,8% la aplica en reclutamiento y selección. Solo un 20% establece supervisión humana obligatoria y apenas un 5,7% dispone de mecanismos para apelar decisiones apoyadas por estos sistemas. La reflexión de 2016 reconocía en la formación TP una dimensión ética y un compromiso con el trabajo decente. Con la inteligencia artificial, esa dimensión se convierte en una competencia concreta: saber cuándo confiar en un sistema, cuándo detenerlo, cómo comprobar sus resultados y cómo explicar sus decisiones a quienes se ven afectados por ellas.
Un segundo hallazgo se relaciona con las trayectorias laborales. Un 62% de las gerencias de personas consultadas ha impulsado acciones de capacitación en inteligencia artificial y nuevas tecnologías. Solo un 15,5% cuenta con mecanismos de movilidad interna y un 9,9% desarrolla programas de reconversión laboral. Las organizaciones están enseñando a utilizar nuevas herramientas, aunque todavía son pocas las que acompañan a las personas cuando su trabajo cambia de naturaleza. En 2016 ya se proponía formar “para sectores, más que para funciones” y entender la formación TP como un espacio al que se entra y se regresa a lo largo de la vida. Lo que entonces era una aspiración hoy es una necesidad. Por su cercanía con el sector productivo y de servicios, su despliegue territorial y su experiencia en formación aplicada, las instituciones TP pueden ser socias fundamentales de estos procesos de actualización y reconversión.
Hay, además, una razón de equidad. La formación TP ha abierto la educación superior a sectores que ven en ella su principal vía de movilidad social. Si las ganancias de la IA se concentran en quienes ya tienen mayor capacidad de adaptación, como advierte el Fondo Monetario Internacional citado en el estudio, la brecha se ampliará precisamente donde la formación TP tiene su mayor responsabilidad.
Responder a este escenario exige más que incorporar un curso de inteligencia artificial en cada plan de estudios. Supone revisar los perfiles de egreso para integrar la verificación y supervisión de los sistemas automatizados propios de cada especialidad. También requiere apoyar a los docentes, nexo fundamental entre la industria y el aula, para que utilicen estas herramientas con criterio pedagógico, técnico y ético. La agilidad propia de la formación TP debe expresarse, además, en itinerarios modulares, micro credenciales, reconocimiento de aprendizajes previos y alianzas con empresas que hagan posible una formación continua vinculada con los cambios reales del trabajo.
La respuesta a la pregunta del título es clara. El saber TP no desaparece. Evoluciona desde la ejecución de tareas conocidas hacia la capacidad de comprender procesos, operar nuevas herramientas, comprobar sus resultados y seguir aprendiendo. La reflexión que AEQUALIS impulsa en 2026 ofrece una valiosa oportunidad para expresar esta identidad con renovada claridad. En una época de respuestas automáticas, saber qué hacer con ellas y asumir la responsabilidad por las decisiones adoptadas puede ser una de las contribuciones más relevantes de la formación Técnico-Profesional.