Vacaciones y lectura: ¿pantalla o papel?

Columnas AEQUALIS 4. Enero 2026

Evelyn Hugo,
Directora Magíster en Didáctica de la Lectura y la Escritura,
Universidad de Las Américas.

Para muchos, las vacaciones son sinónimo de dormir hasta tarde, viajar o retomar proyectos inconclusos; para otros, se trata de un preciado tiempo para la lectura. Una preocupación casi vital para los lectores tradicionalistas es cuántos libros llevar a la hora del viaje.

En este sentido, la lectura en pantalla resuelve un problema: en un tablet o lector digital, se puede trasladar una biblioteca entera. Sin embargo, para algunos, el gesto de pasar la página u oler el libro es irremplazable, por lo que no sucumben a la practicidad. Más allá de las preferencias personales, emerge la pregunta: ¿qué dice la evidencia sobre las diferencias de leer en formato digital y en papel?

La idea más extendida es que leer en una pantalla implica una lectura superficial, mientras que el papel garantiza una lectura más profunda. Sin embargo, la investigación reciente matiza esa oposición. Estudios que comparan ambos formatos muestran que, en términos generales,la comprensión lectora no depende exclusivamente del soporte, sino que el formato interactúa con los procesos cognitivos a los que se enfrentan los lectores al leer en los diferentes formatos. Así, más que una discusión sobre objetos se trata de una discusión sobre formas de leer.

Otros análisis han mostrado que leer en papel y leer en pantalla no son actividades equivalentes, aun cuando el texto sea el mismo. La lectura en papel tiende a ofrecer mayor estabilidad atencional y una percepción más clara de la estructura global del texto: el lector sabe dónde está, puede volver atrás fácilmente y construir una representación mental continua de lo leído. Esta materialidad no es un gesto romántico, sino un apoyo cognitivo concreto que reduce la carga asociada a orientarse en el texto y libera recursos para comprender e integrar ideas.

La lectura en pantalla, en cambio, plantea otros desafíos. Puede ser igualmente eficaz, pero exige una mayor autorregulación por parte del lector: decidir cuándo detenerse, cómo volver sobre lo leído, cómo manejar el desplazamiento y cómo sostener la atención en un entorno potencialmente fragmentado.

Más que un reemplazo, lo que emerge es la convivencia de distintas maneras de leer, y las vacaciones —con menos apuro y más disponibilidad— pueden ser un momento privilegiado para explorarlas de manera consciente.

Tal vez la pregunta no sea si conviene elegir pantalla o papel, sino qué tipo de lectura queremos para estos días de vacaciones y cuán desafiados queremos estar como lectores. Elegir conscientemente el soporte puede ser, al final, la mejor forma de volver a encontrarse con el placer de leer.



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Author: Evelyn Hugo
Directora Magíster en Didáctica de la Lectura y la Escritura Universidad de Las Américas

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