El futuro que viene: Desafíos para la educación superior

Edición general
María Irigoin
Eugenio Cáceres
(edición)
El futuro que viene: Desafíos para la educación superior

Desde hace ya muchos años, la educación superior se ha ubicado en el centro de la agenda social, y se ha convertido en un ámbito que ocupa y preocupa a un sector cada vez más relevante de la población.

En ese contexto, resulta imprescindible preguntarse acerca del futuro que viene, reflexionar sobre el presente e intentar comprender cómo las necesidades y demandas que conocemos, y muchas que todavía ni siquiera imaginamos, obligan a revisar los arreglos institucionales y su capacidad para sostener los esfuerzos requeridos.

Hemos vivido años de entusiasmo, de expectativas y de incertidumbre, a partir de la promesa de una reforma de la educación superior que, sin embargo, dejó de lado la reflexión compartida acerca de la educación superior que queremos. Hasta ahora, el trabajo del Foro se ha centrado en el sector educativo, sus instituciones, su estructura. En esta ocasión, la mirada viene desde afuera: no se trata de hacer ajustes a lo que existe en la actualidad para hacer una oferta más apropiada a los estudiantes contemporáneos, sino de mirar el entorno para intentar comprender de mejor manera para qué mundo, para qué vidas, para qué desafíos, es necesario responder.

El panorama que recogimos es impactante. Desde cada uno de los ámbitos consultados – la ciudad, la tecnología, la salud, la política, la ciencia, la educación – se nos plantean temas y necesidades que solo aparecen marginalmente en las discusiones de la educación superior.

Luego de escuchar las presentaciones del seminario, de analizar las propuestas sobre la reforma de la educación superior, de leer en la prensa las declaraciones de rectores, responsables de políticas nacionales e institucionales de educación superior, surge una sensación incómoda, que nos recuerda la frase con que se llamó la atención sobre el medio ambiente hace años: “hemos visto al enemigo… y somos nosotros”. ¿No será esa, hoy, la realidad de la educación superior?