Análisis profundo al futuro de la Educación Superior

11 de septiembre de 2020 - 02:23 hrs.


Harald Beyer, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez: Álvaro Rojas, rector de la Universidad de Talca; y Elisa Marchant, directora académica de la Universidad Finis Terrae y miembro de la Unidad Futuro del Foro AEQUALIS, fueron los panelistas del conversatorio en línea “La crisis y su impacto en la Educación Superior” realizado recientemente por el citado foro. Junto a sus comentarios acerca si la crisis de hoy es una constante, se presentaron los resultados de una encuesta sobre ajuste, planificación y futuro realizada por AEQUALIS entre IES chilenas acreditadas.  

 

El Dr. Iván Navarro Abarzúa, presidente de AEQUAIS, dio inicio al conversatorio planteando que, entre las  preocupaciones que tienen en la actualidad los involucrados en la educación superior chilena, destaca la incógnita sobre qué nos puede ofrecer el futuro y cómo debería organizarse el aprendizaje para hacer convivir exitosamente lo presencial con lo virtual.

Harald Beyer

Después de dedicar unas palabras a recordar a Mónica Jiménez, fundadora de AEQUALIS recientemente fallecida, Harald Beyer planteó lo que para él son dos ideas fundamentales en torno a las interrogantes citadas. “La primera es que la pandemia golpeó al sistema universitario mundial y eso significa que vamos a tener, como instituciones de educación superior, un efecto propio generado por los problemas al interior del país y un efecto espejo que tiene que ver con el impacto que esto tendría sobre otras instituciones y que va, de alguna forma, a habilitar las conexiones que tienen las instituciones de educación superior chilena con las del resto del mundo”.

Su planteamiento fue que, probablemente, las universidades australianas serán las que más van a sufrir, porque el 22% de sus estudiantes proviene del extranjero, principalmente China, y esos flujos se debilitarán y dañarán al sistema de educación superior de ese país. Asimismo, dijo, hay otros sistemas en el mundo que tendrán otros impactos y por eso es difícil pensar de manera local.

La segunda idea planteada por Beyer es que por un buen tiempo existirán menos recursos para la educación superior y la pregunta entonces es “cómo el sistema de educación superior chileno se adaptará a esa realidad, considerando además discusiones que hemos vivido, por ejemplo, a propósito de los aranceles regulados y todo lo que es su efecto en las universidades.”

A su parecer, “considerando no sólo la pandemia sino lo que viene sucediendo desde el 18 de octubre, los recursos en Chile van a ir hacia otras áreas y la posibilidad, a propósito del Ministerio de Ciencia que podría haber generado más recursos para ciencia la discusión, creo que se ha ido esfumando, delimitando y eso pone de nuevo una tremenda presión sobre el sistema de educación superior. Muchas universidades están tomando la decisión de ir a la gratuidad como seguro, en parte por la situación que está viviendo el país y la situación internacional, y eso requerirá más recursos públicos para financiar a los estudiantes, dejando menos espacio para recursos para ciencias e investigaciones. Políticamente no sé cómo esto se resolverá, ni cómo se va a ir cuadrando en los próximos años. Pero sí pienso que nuestro sistema de educación superior va a estar muy presionado por falta de recursos públicos y presupuesto”.

Manifestó que tampoco cree que haya mucho espacio para la filantropía, cómo ha ocurrido en otros países, y que algunas de las grandes presiones de las instituciones serán cómo ahorrar costos, cómo incorporar nuevos modelos de gestión que sin dañar la calidad permitan resistir en esta coyuntura difícil.

Como causa de las menores oportunidades de empleo que se ven para los jóvenes, Beyer opinó que probablemente se acentuarán en los próximos años y que, por ello, es fundamental que las IES vean cómo aportar más valor a esos jóvenes que están viendo dificultades para enfrentar el mundo del trabajo, sin olvidar que la economía se va desacelerar por un buen tiempo.

Otro dilema planteado por Beyer fue que “nos hemos dado cuenta que la tecnología no va a reducir la desigualdad en educación sino que la exacerbará. Probablemente las instituciones tendrán clases presenciales a un costo más alto y online, el que bajaría al aliarse con los grandes gigantes tecnológicos pero que puede causar un desafío internacional que, indudablemente, hace pensar que la situación de distintas universidades en el mundo se puede ver desafiada por ello”.

“Probablemente las instituciones de educación superior ya no serán evaluadas por los grados que entregan sino por las habilidades que generan en sus estudiantes”, dijo. Al respecto, agregó que “las instituciones de educación superior deberán responder a esto, centrarse más en el desarrollo de habilidades que en la acumulación de conocimiento, que sigue siendo la forma más tradicional de enseñar en Chile. La idea que se ha ido comentando en el mundo es que hay que enseñar menos pero aprender más y eso se relaciona con lo que está pasando con la educación escolar”.

Además, manifestó que las universidades han tenido dificultades con el entorno remoto, especialmente respecto a mantener una vida universitaria vibrante. “Por supuesto que nos hemos adaptado, hemos generado distintas instancias, pero este es un fenómeno que se va a quedar con nosotros independientemente de la vuelta a las clases presenciales.

Otro tema tocado por Beyer fue la investigación. “Si vemos el desarrollo de Chile, encontramos que los doctorados han perdido fuerza. Están debilitados. Hay que preguntarse qué pasa con los grupos de investigación, cómo levantamos investigación de punta, cómo desarrollamos nichos que en alguna forma nos permitan tener una relevancia internacional”.

También habló sobre la posición de las universidades chilenas en el concierto internacional y latinoamericano. Al respecto dijo que “la brecha con otras regiones está en aumento y debemos preguntarnos cómo podemos mantenerla o reducirla”.

Por todo lo anterior, expresó, “ha quedado más claro que nunca la importancia de la flexibilidad. Las instituciones debemos ser muy flexibles para enfrentar la coyuntura actual y la pregunta es si el marco legal que tenemos nos ayuda a tener esa flexibilidad. Yo creo que hoy día hay un cierto consenso de que esta legislación, que se aprobó en los últimos años, no ha sido una gran ayuda. No tiene una clara orientación sobre hacia dónde se espera que vaya el sistema educación superior chileno. No estamos claros del marco legal del sistema ya que se ha restringido en algunos aspectos en el accionar de las universidades”.

Álvaro Rojas

El segundo expositor fue el rector Álvaro Rojas quien inició su intervención con una definición breve de lo que se entiende por crisis: “es una coyuntura de cambios caracterizada por la inestabilidad y puede estirar los límites de lo posible, incluso los de nuestra propia voluntad”.

Eso, dijo, es lo que estaba ocurriendo en la actualidad. La universidad, comentó, es reconocida como una de las instituciones más complejas de la sociedad. “Tiene muchas complejidades que están dadas por la existencia de distintos niveles, no sólo en el plano académico sino también de la gestión y administración. Por la autonomía, las distintas estructuras de organización, la existencia de un sistema académico más bien horizontal con otro de gestión administrativa de una clara disposición vertical, entre otros aspectos”.

También dijo que la complejidad universitaria tiene como elementos dinamizadores la política pública, el escenario crecientemente competitivo de la educación superior y las demandas de diversa naturaleza del medio externo, además de la globalización que le ha aportado una nueva dimensión a su complejidad.

La crisis, dijo, impacta a los menos en diez ámbitos: en la función docente; en las metodologías de enseñanza y aprendizaje; en los contenidos y formas de evaluación de los cursos; en las formas de acceso al sistema universitario; en inversión en infraestructura y tecnologías; en metodología de la interacción intra y extra universitaria; en las formas de cooperación internacional; en las estructuras universitarias; en las formas de trabajo administrativo y en las formas de cooperación internacional

“Las complejidades actuales tienen que ver con las inequidades tecnológicas, con la brecha digital existente entre instituciones y entre sus estudiantes, en temas de regiones y zonas periurbanas y rurales en que las instituciones no disponen de adecuados instrumentos de evaluación de los aprendizajes sobre proceso de enseñanza remota.

Aún así, reconoció que hay cosas que se han hecho bien, tales como el esfuerzo para remediar la brecha digital entre los estudiantes, el acelerado proceso de adopción y adaptación de tecnología de información y la organización del trabajo de académicos y administrativos en modalidad de teletrabajo y formas híbridas.

Así, “el desafío del liderazgo en escenarios cambiantes y turbulentos es cuando se hace necesario que los equipos directivos tengan la capacidad de percibir e interpretar la realidad lo más correctamente posible para que puedan definir estrategias para encontrar nuevos espacios. Gestionar con liderazgo no significa hacerse cargo del día a día de los efectos de la crisis ni redundar en reuniones protocolares y discusiones sobre el corto plazo. Se trata de motivar a una comunidad para dirigirla hacia un nuevo equilibrio, a una posición deseada. Guiarla teniendo presente los necesarios ajustes del proyecto la estructura y la cultura de la institución”.

Concluyó que “el desafío del liderazgo implica liderar un proyecto corporativo con un plan de desarrollo estratégico, sustentado en una estructura eficiente y efectiva para implementarla en el contexto de una cultura universitaria que para la institución le es propia. Por lo mismo, explicó que la política pública sectorial debería privilegiar el combate a las disparidades entre las instituciones y la marginalidad digital y tecnológica de las instituciones y sus comunidades, ya que esta es también una forma moderna de exclusión.

Del mismo modo, habló sobre la necesidad de aprovechar las tecnologías de la información para enriquecer y mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje y hacer más eficiente los sistemas de gestión administrativa; dar prioridad a la inversión digital por sobre la infraestructura física y hacer más expedita la migración de programas de educación permanente a formas online, mejorando significativamente las posibilidades de acceso de muchas personas.

Elisa Marchant

Por último, Elisa Marchant expuso los resultados del estudio realizado por AEQUALIS, el que constó de un cuestionario de 18 preguntas dirigidas los directores de planificación institucional y que fue respondida por 22 universidades,10 IPs y 6 CFTs acreditados.

El instrumento tenía cuatro dimensiones: formación virtual; cómo les impactó la crisis; planes de desarrollo y qué ajustes exige la crisis, y futuro de la educación superior. Sobre la primera dimensión, referente a la formación virtual, el estudio dice que a nivel de sistema el 44% manifiesta estar de acuerdo y muy de acuerdo con la idea de estar preparado para la formación virtual. En cambio, un 28% indica estar en desacuerdo y que la opción ni de acuerdo ni en desacuerdo concentra 28%.

A nivel de sistema, agregó, la mayoría de las instituciones se declara preparada para afrontar las necesidades de la formación virtual en las áreas de plataforma tecnológica, capacitación docente, guías y materiales educativos, y métodos de enseñanza aprendizaje. Sin embargo, agregó que gran parte de las entidades declaran no tener las estrategias necesarias para afrontar los procesos de evaluación de aprendizaje que la crisis demanda.

Marchant también señaló que “uno de los elementos que nos interesa destacar es cómo se han instalado las dinámicas de teletrabajo en las instituciones de educación superior. Aquí la pregunta tenía que ver en cómo podía mantenerse el teletrabajo en los distintos niveles de la organización. En todos los estamentos aparece una respuesta más bien positiva y a nivel de sistema se reconoce que todos los estamentos podrían funcionar en modalidad de teletrabajo, observándose un menor acuerdo para los cargos de directivos de carreras y academias.”

Acerca de cómo impactó la crisis a las instituciones de educación superior, manifestó que el estudio señala que “la crisis nos obliga a repensar la formación práctica de nuestros estudiantes y la comunicación con ellos; a preguntarnos si el teletrabajo y la tele educación han llegado para quedarse en las IES y cómo diseñamos la experiencia universitaria de los futuros estudiantes”.

Indicó que otro aspecto derivado de los resultados del estudio habla de la necesidad “de preguntarnos específicamente sobre el diseño de los planes de estudio para la formación virtual. Es importante preocuparse cómo diseñaremos la estrategia de acompañamiento para esta forma de estudio”.

Por último, señaló que, de acuerdo con el estudio, puede concluirse que la actual crisis generará un cambio radical en la educación superior chilena.

Al finalizar las intervenciones, los asistentes al conversatorio realizaron diversas preguntas relacionadas con aspectos como la contribución de las universidades al desarrollo económico; oportunidades para la internacionalización sin movilidad; la necesidad de promover la investigación y el desarrollo; hacer a las IES más atractivas para el sector productivo y definir los desafíos del ámbito de la cultura para las próximas décadas.

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