FUTURO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

La Investigación universitaria postpandemia

Pedro Pablo Rosso, el 23 de abril de 2021 - 22:09 hrs.


En estos días de incertidumbre y dolor, cuando el horizonte de un mundo postpandemia parece aún distante y lo imprevisible domina lo cotidiano, resulta difícil intentar proyecciones predictivas sobre cómo será la investigación universitaria una vez disipada la amenaza actual. No obstante, las lecciones aprendidas en estos meses aciagos podrían dar algunas pistas. En el nivel de las instituciones, la paralización de los laboratorios otorgó a los investigadores el beneficio de disfrutar un sano ocio académico. Contaron con más tiempo para pensar, analizar e interpretar resultados no publicados, revisar literatura, intercambiar ideas y diseñar nuevos estudios. También, pudieron preparar sus clases sin premura, “refrescando” los contenidos y el material didáctico. El desafío de enseñar online los obligó a adquirir las destrezas tecnológicas y comunicacionales y abrió un espacio nuevo: la asistencia virtual a seminarios y encuentros científicos nacionales e internacionales, con el consiguiente ahorro de tiempo y gastos de viaje. Cuesta imaginar que todas estas experiencias quedarán en el olvido y que los académicos volverán a la “normalidad” previa de sus intensas jornadas.

A nivel del sistema universitario, la pandemia ha motivado experiencias de investigación multidisciplinar y asociativa interinstitucionales que parecen perdurables. Destaco el acercamiento que se produjo entre médicos clínicos, epidemiólogos y biólogos. Apenas sonada la alarma de pandemia, comenzaron a constituir equipos con un espíritu de colaboración sin precedentes. Se unieron, entre otros objetivos, para organizar ensayos Fase III de vacunas, mejorar la trazabilidad y diseñar ventiladores mecánicos. A su vez, estas alianzas se articularon con las redes internacionales de países con capacidad científico-técnica y económica para producir vacunas. La idea era compartir toda información que pudiera servir para detener la propagación del virus y la mortalidad consecuente. Esto aceleró una tendencia que había comenzado a emerger antes de la crisis sanitaria. Me refiero a las comunicaciones “preimpresión” (preprint), artículos científicos sobre temas candentes divulgados antes tener la aprobación de un comité editorial. De esta manera, resultados que desde su presentación a una revista hasta su publicación podían demorar más de un año para darse a conocer, ahora pueden estar disponibles para la comunidad científica minutos después de que los autores así lo decidan. Creo que tanto la mayor colaboración nacional e internacional, como un sistema de publicaciones científicas más ágil perdurarán después de la pandemia.

A nivel nacional, la emergencia sanitaria ha provocado un gran interés por la ciencia, puesto que la ciudadanía ha comprendido que es el único camino para superarla. Esto suscita en el mundo académico la esperanza de que el sistema político, siempre sensible al sentir de los electores, pudiese estar ahora más dispuesto a incrementar la inversión en ciencia y tecnología. Obviamente, esto sería de beneficio directo para las universidades, puesto que más del 90 por ciento de la actividad científica nacional sucede en ellas. Desgraciadamente, no hay señales de que ese milagro pueda suceder. La inversión en ciencia, tecnología e innovación ha cumplido una década de estancamiento absoluto con respecto al porcentaje del PIB que se destina a ella. Siempre hay otras urgencias coyunturales. ¿Por qué está ocurriendo esto? Hago mío el diagnóstico del filósofo y ensayista español Daniel Innerarity: “Nuestros sistemas políticos están enfocados casi exclusivamente en la gestión del presente…Somos una sociedad que solo reaccionamos ante el peligro inminente, visible y mortal”. Por eso, superada la pandemia, pienso que seguiremos ignorando la importancia de la ciencia para el desarrollo de Chile. Posiblemente hasta que los efectos del cambio global comiencen a impactar negativamente en nuestra economía y alterar nuestras vidas.