FORMACIÓN TÉCNICO PROFESIONAL

Educación técnico profesional: protagonista en el desarrollo del país

Lucía Pardo, Leopoldo Ramírez, el 29 de agosto de 2020 - 16:32 hrs.


La Educación Técnico Profesional ha sido piedra angular en el desarrollo de la formación para el trabajo en el país de manera profesional. Pero reconocerla sólo por su aporte reciente es sumamente injusto, pues sus antecedentes fundacionales se remontan incluso a antes de la independencia de la República.

Según evidencia documental, la formación técnico-profesional tendría sus orígenes en Chile en 1798, año en que Manuel de Salas Corbalán creó la Academia San Luis –siendo su primer director– la que pensó dotar con un profesorado europeo con el fin de fortalecer los conocimientos en aritmética, geometría y dibujo.

Un segundo registro aparece en el siglo XIX. En el año 1844, Manuel Montt, entonces Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, planteó la urgencia de crear en Santiago una escuela de oficios industriales que impartiera clases de carpintería, herrería, fundición y mecánica. Igual injerencia tiene la Sociedad Nacional de Agricultura, que también planteó generar una enseñanza técnica práctica en el menor tiempo posible para que el país pudiera entrar en la ruta del progreso.

Para concretar todos estos proyectos se trajeron profesores de Francia y luego, el 8 de agosto de 1849, el Presidente Manuel Bulnes fundó oficialmente la Escuela de Artes y Oficios, bajo la dirección del francés Jules Jariez, en el Barrio Yungay. Esta tuvo posteriormente gran desarrollo, fundando escuelas a lo largo del país, y la sede de la ciudad de Santiago sentó las bases para dar origen en el año 1947, a la Universidad Técnica del Estado, la que se transforma en la Universidad de Santiago de Chile en el año 1981.

Otro registro que devela la importancia de la formación técnico-profesional en nuestra vida patria es la creación en el año 1886 del Consejo de la Educación Técnica, que más tarde se convierte en el Consejo de Enseñanza Agrícola e Industrial, bajo el alero del Ministerio de Industrias y Obras Públicas.

Asimismo, más adelante, en 1929, nace el Instituto Guillermo Subercaseaux –por iniciativa del Banco Central de Chile–, que convoca a todas las instituciones bancarias y financieras de la época, nacionales y extranjeras con operación en el país, con objeto de conformar una institución educativa de nivel superior orientada a la formación y capacitación de las personas para el trabajo en el ámbito de la actividad bancaria y financiera. Esta casa de estudios tiene 91 años de vida, y está caminando a paso resuelto para cumplir su primer centenario.

El principal propulsor de esta iniciativa educacional fue el destacado ingeniero civil, economista, académico y servidor público, Guillermo Subercaseaux Pérez, en ese entonces también Presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) y un decidido promotor, unos años antes, de la creación del Banco Central de Chile, que a esa fecha se encaminaba hacia su primer lustro de vida institucional. Ejerció la presidencia de dicha instución entre 1933 y 1939, en paralelo con la del Directorio de la entidad educativa.

Por eso, en el marco del Día de la Educación Técnico Profesional, que este 26 de agosto celebró 78 años desde que se decretara oficialmente por el MINEDUC en 1942, resulta especialmente trascendente destacar tanto el espíritu original de aporte a la profesionalización del trabajo en estrecha relación con la actividad productiva correspondiente, como también, el desarrollo actual existente en una gran diversidad de ofertas formativas, orientadas a múltiples campos y actividades de producción, ofrecidas en modalidad presencial a lo largo del país, así como también virtual, asegurando una amplia cobertura nacional y una base suficiente para introducir las innovaciones que la transformación tecnológica del momento exige en una necesaria mirada de futuro.

La realidad de la educación técnico-profesional indica que al ser programas relativamente cortos y asociados a campos productivos específicos, permiten a sus egresados insertarse rápidamente en el mundo laboral, percibiendo sueldos atractivos y ofreciendo la posibilidad de una permanente actualización de contenidos dada su flexibilidad curricular, lo que favorece positivamente el dinamismo de la actividad económica y laboral. Atributos, por cierto, que relevan a este tipo de formación como una opción de singular atractivo para medio millón de jóvenes que opta periódicamente por esta forma de educación, en una válida búsqueda de progreso social.

También es pertinente mencionar que las instituciones técnico-profesionales han incluido en su oferta académica la semipresencialidad o virtualidad de carreras, lo que representa una interesante alternativa para un país con una geografía particular como el nuestro, con muchas localidades alejadas de los centros urbanos, lo que imposibilita el acceso a la educación superior en forma presencial.

Dada su particular naturaleza, la Educación Superior Técnico Profesional es pieza fundamental para enfrentar los cambios tecnológicos que están impactando la industria productiva nacional e internacional, de los cuales ya vemos sus primeras consecuencias como efecto inmediato de la crisis social y sanitaria que ha afectado fuertemente a diversos sectores de la producción. Existe numerosa evidencia nacional e internacional que da cuenta de la necesidad de reconvertir a trabajadores para que aprendan nuevas competencias que se requerirán: personas expertas en energías renovables no convencionales, en sistemas de seguridad, en robótica, en automatización de procesos, en nanotecnología, en inteligencia artificial, en ciberseguridad y en la adopción de muchas otras nuevas tecnologías. Y el país no los va a obtener principalmente desde la academia tradicional universitaria, basada esencialmente en el desarrollo de las disciplinas, sino que va a ocurrir principalmente desde los institutos profesionales y centros de formación técnica especializados en la formación para el trabajo basado en un enfoque por competencias.

Mirar la formación técnico-profesional exclusivamente por la trascendencia que pueda tener en el futuro inmediato puede ser mezquino y un grave error, ya que este tipo de formación ha sido la base -y por cierto, lo seguirá siendo- para potenciar la competitividad de las personas y el desarrollo social del país en un horizonte de mediano plazo.