DOCENCIA

Aprendizaje a distancia: Una breve guía anti-naufragios

José Ignacio Contreras, el 12 de agosto de 2020 - 02:12 hrs.


Hoy la pregunta sobre qué alternativas de aprendizaje online existen y cuál se ajusta mejor a las necesidades de formación de los usuarios y al plan de entrenamiento de nuestra empresa o institución, debe responderse con información de calidad, con claridad conceptual y al menos con cierto vocabulario común, que nos permita navegar esta complejidad evitando el naufragio rotundo.

Probablemente todos hemos tenido alguna vez experiencias de aprendizaje online. Aprendemos una receta de cocina a través de un tutorial de Youtube; escuchamos un podcast mientras nos trasladamos hacia el trabajo o lavamos los platos o, como es cada día más común a causa del confinamiento, asistimos a una clase de yoga online o a un webinar sobre el tema que nos interesa. Como podemos ver, dentro del concepto de aprendizaje online admitimos las más diversas fuentes de aprendizaje. Aprendemos por placer y no sólo por necesidad, nos gusta hacerlo a nuestro propio ritmo y en ocasiones, además de instruirnos, satisface nuestras necesidades de afiliación o pertenencia, que a primera vista son variables externas al proceso de aprendizaje, pero en realidad son aspectos centrales del aprendizaje humano.

Hoy, debido a las condiciones de reclusión obligatoria, las universidades de todo el mundo están optando por la vía de menor resistencia para “digitalizar” sus programas de estudio. La clase presencial es sustituida por una transmisión en directo, las actividades grupales son sustituidas por reuniones remotas a través de Zoom. Lo mismo está ocurriendo en la educación primaria y secundaria, donde la dificultad para mantener a todos los alumnos conectados, ha llevado a muchos colegios a optar por las tristemente infames guías de auto-estudio; artefactos que delegan por completo la responsabilidad de educarse en los alumnos y más comúnmente en sus apoderados.

Finalmente, en el mundo corporativo, las empresas que aún tienen suficiente liquidez para apostar a la formación de sus empleados, están optando por métodos de capacitación a distancia o generación de contenido e-learning, ya sea de manera estratégica y en el largo plazo; o de manera táctica; digitalizando contenido ante la imposibilidad de impartirlo de forma presencial.

La pregunta sobre qué alternativas de aprendizaje online existen y cuál se ajusta mejor a las necesidades de formación de los usuarios y al plan de entrenamiento de nuestra empresa o institución, debe responderse con información de calidad, con claridad conceptual y al menos con cierto vocabulario común, que nos permita navegar esta complejidad evitando el naufragio rotundo. La siguiente es una breve guía de navegación para aquellos que se aproximan por primera vez a esta fascinante aventura, o para quienes aún están convencidos de que es posible abstenerse de ella. A los últimos, habrá que recordarles que nuestra historia universal, con sus guerras, cataclismos y pandemias, le ha dado su lugar de honor a la célebre arenga de Pompeyo a sus marinos: “¡Navegar es necesario, vivir no lo es!”.

Contenido sincrónico vs. asíncrono

Empecemos por algunas definiciones. Entendemos por aprendizaje online, toda instancia formativa que ocurre por medio de una conexión a internet a través de una interfaz web o aplicación móvil, destinada a impartir contenido en formatos de audio, video, ilustración, animación, texto o una combinación de todas las anteriores. El contenido impartido puede entregarse en vivo, por ejemplo a través de una transmisión en directo. A este contenido lo llamamos sincrónico. Ejemplo de un contenido sincrónico es una charla privada, o el contenido público transmitido a través de un canal de Youtube, por ejemplo un noticiario.

Generalmente un contenido transmitido en directo tiene el valor de la inmediatez. La información llega a nosotros de manera instantánea y esta cualidad se pierde en el momento en que sabemos que se trata de un contenido de archivo, que podemos revisar en cualquier momento. Ejemplos patentes de esta pérdida de valor son los partidos de fútbol, los conciertos en vivo o los eventos multitudinarios. Sin ahondar demasiado en esto, entendemos que los eventos transmitidos en directo tienen un ‘aura’; una cualidad casi mágica que los usuarios proyectan sobre los actores, deportistas, figuras públicas o incluso los mismos asistentes, dotando al evento de un valor extraordinario e irrepetible.

Recordemos que la posibilidad de registrar imágenes y sonidos sólo tiene poco más de un siglo de historia. Un evento multitudinario acelera nuestro ritmo cardíaco y satisface nuestras necesidades de afiliación y pertenencia. Cuando se quiere transmitir la charla magistral de una eminencia, el discurso de un líder o autoridad, o el debate de dos referentes en una disciplina, se deben tener en cuenta los efectos psicológicos del contenido sincrónico. Las audiencias se conectarán en un horario definido, buscarán hacer preguntas y emular en suma una participación presencial en el evento. El éxito de instancias como ésta puede medirse en el número máximo de usuarios conectados, en su participación en el chat del evento e incluso evaluando directamente su satisfacción o aprendizaje por medio de encuestas habilitadas a través de la plataforma de transmisión.

Alternativamente, podemos diseñar contenido con el propósito de publicarlo más tarde a través de un canal dedicado. A este contenido lo llamamos asíncrono. La primera ventaja sobre este tipo de contenido es el control que se puede alcanzar sobre el resultado; generalmente una mayor resolución audiovisual –menos limitada por el ancho de banda de nuestra conexión a internet–; una mejor capacidad de síntesis –se puede explicar más en menos tiempo–; y la incorporación de elementos multimedia como texto, ilustraciones o animaciones, que sirven de refuerzo para el contenido que se desea impartir. La segunda ventaja del contenido asíncrono, tiene que ver con el grado de flexibilidad con que los usuarios acceden a él. Los usuarios consumen el contenido en el horario de su preferencia; en su totalidad mediante un solo acceso; o a través de pequeñas dosis. Esta flexibilidad es una tremenda ventaja para nuestro actual ritmo de vida. La disponibilidad de los usuarios puede variar mucho dependiendo de su rango etario, su jornada laboral, su familia o pasatiempos.

Desde la inauguración del contenido on demand, se ha constatado un cambio en el comportamiento del consumidor de contenido audiovisual. El consumo de películas o series por ejemplo, se ha trasladado de los cines o la sintonía de programas de televisión por cable, a sitios o canales on demand como Netflix y Amazon Prime. Los mismos noticiarios han descubierto las ventajas de entregar pequeñas cápsulas de información a través de sus canales de Youtube. En lugar de someter a los televidentes a una hora continua de noticias, pueden fidelizar a sus audiencias con breves reportajes o notas, recomendadas de manera automática en función del comportamiento del usuario en la plataforma. En referencia al aprendizaje online, el nivel de atención de los usuarios puede disminuir considerablemente cuando no existe la posibilidad de pausar el flujo de información; cuando no se realiza una síntesis de lo explicado; o no existe la posibilidad de poner a prueba lo aprendido a través de preguntas o actividades formativas.

Finalmente, el contenido asíncrono tiene señaladas ventajas en la complejidad de las interacciones que pueden programarse con objetivos formativos o lúdicos. Mientras una transmisión en directo puede contener encuestas en línea integradas en la plataforma para conocer la opinión de los usuarios conectados, o crear instancias de participación a través de reacciones o chats públicos y privados, la interactividad real de estas instancias está limitada por la duración de la transmisión. En el contenido asíncrono, se puede programar toda una gama de interacciones, que va desde una pregunta de opción múltiple o actividad de arrastre que interrumpe el flujo de entrega de información, hasta experiencias totalmente inmersivas, donde los usuarios pueden elegir un avatar, crear su propia aventura a través de un árbol de decisiones, o simular con gran exactitud escenarios realistas, como aterrizar un avión con un desperfecto técnico o atender a un cliente conflictivo. Si se trata de transferir aprendizaje a un contexto real de desempeño, el contenido asíncrono se ajusta a las necesidades y al estilo de aprendizaje de cada usuario y en ello radica su mayor fortaleza. Antes de arrojarnos al agua con una solución o una combinación de ambas, entendamos sus ventajas y limitaciones. La respuesta dependerá del tipo de contenido que queramos impartir, el estilo de aprendizaje de los usuarios y el criterio para definir si nuestro entrenamiento ha sido exitoso. Todas estas consideraciones son propias del diseño instruccional, que será el tópico de la próxima entrada de esta breve guía anti-naufragios.