FUTURO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Algunos desafíos de la Educación Superior y las tecnologías

Renato Sepúlveda, el 22 de octubre de 2020 - 21:14 hrs.


El Covid-19 ha acelerado dramáticamente diversos cambios en la forma de desarrollar las actividades humanas. Algunos hechos que pensábamos se darían en el próximo quinquenio, los estamos viviendo, y a veces sufriendo, hoy en día.

Algunas industrias estaban mejor preparadas para el actual escenario y a otras les ha impactado en mayor forma, pero todas las actividades humanas serán bien diferentes cuando salgamos de la actual etapa de pandemia. En todas ellas, las tecnologías estarán mucho más presentes que en el pasado.

Por otra parte, la Educación Superior tiene un conjunto de desafíos relevantes en los cuales perseverar y las tecnologías pueden ser parte de la solución a dichos retos.

Desde la enunciación de la “Ley de Moore” en los años sesenta, las tecnologías (sistemas de información, robotización, movilidad, realidad virtual, domótica y otras), han venido creciendo exponencialmente, aumentando su influencia en la vida y el trabajo humano. Todo indica que ellas continuarán creciendo de la misma forma, así es que este es un factor que hay que tener en cuenta en cualquier estrategia para navegar los años que vienen.

Paralelamente, desde su origen, Internet ha venido colocando a disposición de todo el mundo, muchas veces de manera gratuita, cantidades crecientes de información, mucha de la cual antes había que obtenerla pasando por las instituciones de Educación Superior.

De esta manera, algunos de los principales desafíos de ella son la atracción de talento, la continuidad de sus operaciones y el éxito en su misión formadora de estudiante, la sustentabilidad financiera y la reducción de costos, el mantener su reputación y la cada vez más ardua competencia/colaboración nacional e internacional.

Atraer talento es, desde siempre, una de las herramientas que utilizan las organizaciones líderes de todos los sectores para mantener y proyectar sus actividades. En la actual situación, atraer talento a las universidades, puede parecer una inconsistencia en un escenario que posiblemente empuja en sentido contrario, pero es necesario para enfrentar los actuales desafíos, marcados por nuevos paradigmas, nuevos modelos de negocios y continuo avance de las tecnologías. Una opción para las instituciones de Educación Superior es buscar ese talento en otras industrias, que ya hayan pasado por la situación que la Academia está viviendo hoy en día, aprovechando esas experiencias para potenciar su andar y salir bien posicionada de la crisis.

La continuidad de las operaciones y el éxito de los estudiantes que hoy están en la educación superior, sin duda, es un desafío no sólo para cumplir con el propósito de formación de cada institución de educación superior, sino que también para mantener la reputación. Las tecnologías están ayudando, y pueden seguir haciéndolo, a que la experiencia de esos alumnos sea buena y recuerden estos años como los del cambio de paradigma hacia un escenario con nuevas formas de hacer las cosas, que incluyen un mayor uso de las tecnologías, que es el mundo que a los jóvenes les atrae y son más afines.

Las tecnologías también pueden ayudar a la sustentabilidad financiera de las organizaciones. Aquellas permiten realizar más eficientemente y a menores costos muchos de los procesos educativos y del back office de la educación, evitan el re-trabajo y hacen que los procesos sean más rápidos, tal como lo exigen hoy los demandantes de cualquier servicio. Hace ya algunas décadas que otras actividades humanas comenzaron a desplegar masivamente tecnologías en todos sus procesos, (por ejemplo, los sistemas de gestión ERP’s) y eso les ha ayudado a reducir costos y tiempos de entrega de sus bienes y servicios.

Para que puedan aportar sustantivamente valor a las instituciones de educación, se requiere de un enfoque integral de su implementación, que se debe plasmar en la estrategia y bajar desde ella hasta toda la operación y a cada uno de los rincones del quehacer educacional. En el actual escenario, no ayuda mucho para dar mayor sustentabilidad a la institución, tener algunas áreas aisladas (o “silos) de las tecnologías, más aún si es que deben estar conectadas con el resto para lograr una gestión integral.

También pueden contribuir a mantener la reputación de las IES. Un buen contraejemplo es que para una institución que no use tecnologías y quisiese permanecer en esa forma, le será imposible atraer talento con experiencia para su gestión, como jóvenes soñadores que quieran venir a estudiar a ella. El uso masivo de las tecnologías es hoy una obligación para mantener la reputación y el valor público que han alcanzado las entidades educacionales, así como las organizaciones de todas las industrias.

El alto dinamismo en la actividad de Educación Superior es y será cada vez más fuerte y por ende hay que estar bien preparados. Al crecimiento global de la oferta educacional tradicional (campus) y la reducción de la tasa de natalidad, que significa menor demanda, se ha sumado en los últimos años la educación virtual, que día por día (y operando a costos marginales) está avanzando, borrando la protección que antaño significaban las fronteras geográficas de las naciones. Por cierto, la educación virtual no apareció con el Covid-19 pero se hizo visible y exponencialmente más popular con la pandemia, acelerando procesos que de otra manera hubiesen tomado algunos años.

A la educación virtual dictada por universidades extranjeras, se suma la iniciativa de varios importantes empleadores internacionales por brindar directamente algún nivel de formación formal a sus empleados, haciendo que esas personas no requieran pasar por instituciones de educación superior.

¿Pueden las tecnologías ayudar también a este desafío? Por cierto, que sí. Parte importante de esta mayor competencia se da de manera digital y por ende se debe contar con un ecosistema que permita operar en estas ligas. De hecho, la llamada “Transformación Digital”, tiene mucho de análisis estratégico, de revisión de procesos, de transformación cultural de las personas y sólo una parte es propiamente digital. Lo anterior no tiene necesariamente que ver con la infraestructura de emergencia que se ha debido expandir para conectar a los miembros de la comunidad educacional, sino que se refiere a que lo requerido para proyectarse, es una mirada estratégica que abarca el análisis del actual entorno y la adecuación a este escenario de todas las actividades, variables y procesos educativos.