La importancia de la visita del catedrático Miquel Martínez a Chile

La visita de Miquel Martínez, catedrático de Teoría de la Educación y miembro del grupo de investigación en educación moral (GREM) de la Universidad de Barcelona, invita a las universidades chilenas a responder con criterios de calidad a aquello que en la nueva ley 21.091, artículo 2 se plantea como “principios de la Educación Superior” – a saber: la participación con el fin de fomentar una ciudadanía crítica, responsable y solidaria; pertinencia de su quehacer para contribuir al desarrollo del país, sus regiones y comunidades; y compromiso cívico entendido como la formación de personas con vocación de servicio a la sociedad y comprometidas con su desarrollo.

De acuerdo al académico, una formación universitaria de calidad no puede separar el desarrollo profesional de la formación ciudadana, situándonos así en el debate actual de entender la Universidad como un aporte clave al capital humano y al desarrollo social y económico de los países; se ocupa así, de los desafíos presentes en el siglo XXI, de pensar y responder a grandes problemas sociales.

Durante el conversatorio, realizado entre AEQUALIS y UDLA, además de otras instancias en las que pudimos trabajar con el experto, en el cual participó un total de 15 universidades, se repitieron tres ejes de la gestión académica que, si bien no son excluyentes entre sí, parecieran ser clave para una formación de calidad en la sociedad actual. A continuación, describo parte de las conclusiones del trabajo. Estos ejes son:

Institucionalización de la formación ciudadana como mecanismo de calidad universitaria: nos propone que la formación ciudadana, además de estar descrita dentro de la misión y visión de la Universidad, es fundamental que se incorpore en el quehacer cotidiano de la institución. A saber: en el aseguramiento de la calidad, la rigurosidad científica, la docencia y en el compromiso social de las universidades. Esto a través de un liderazgo claro desde la Rectoría y/o las decanaturas, que apoye la incorporación de la formación ciudadana en el currículum. Propone mantener los contenidos disciplinares y deontológicos, pero a estos agregarles ejemplos de dilemas éticos y ciudadanos que estén vigentes en la agenda pública. También propone la incorporación de pedagogías innovadoras como, por ejemplo, aprendizaje y servicio a través de un relacionamiento bidireccional con la comunidad y el fomento del aprendizaje colaborativo. Si bien en Vinculación con el Medio existe mucho avanzado, esto no es suficiente para responder a las necesidades formativas de los estudiantes y la responsabilidad social de la Universidad.

Apoyo a la docencia: la centralidad en el aprendizaje del estudiante implica formar, también, profesionales ciudadanos y éticos. Sin embargo, los y las docentes que incorporan formación ciudadana y ética dentro de sus asignaturas tienden a hacerlo por una motivación personal, por lo tanto, es importante que esta motivación vaya acompañada de formas de reconocimiento, certificación o jerarquización académica que valore este trabajo. Idealmente, debe ser una tarea de la Universidad y no solo una motivación personal de los académicos/as. Para esto, sugiere que exista un equipo de acompañamiento a los docentes desde las unidades curriculares o académicas que apoyen en la incorporación de la formación ciudadana y ética en el currículum.

Sistematización y Evaluación:conclusión importante del conversatorio y del trabajo durante la semana, fue la necesidad de asegurar la evaluación del aprendizaje ético de los estudiantes en los mecanismos de evaluación de la asignatura; así como también incorporar la evaluación de percepción por parte de los estudiantes en el diseño de actividades de aprendizaje y servicio u otras metodologías innovadoras. En especial, para aprendizaje y servicio se define la importancia de evaluaciones cruzadas comunidad externa – academia, tarea en la cual están muchas de las universidades participantes.

Para cerrar, me parece importante recalcar que en discusiones como las que sostuvimos, el riesgo fue situarnos en la voluntad individual o el “deber ser” de la Universidad. Sin embargo, tanto el profesor como los asistentes a las diferentes instancias pudimos ubicarnos en un lugar ético-político y de oportunidad.

Oportunidad histórica, ya que lejos de ser una tarea nueva de la institución, impulsada por los nuevos criterios de acreditación, la noción de servicio público, inherente a la formación ética y ciudadana, ha estado presente en la misión de la Universidad desde que fue creada como institución. Debate que también ha estado presente desde los inicios de la institución universitaria chilena, con intelectuales clave como son Valentín Letelier y José Victorino Lastarria, por solo nombrar dos que incidieron en la idea de Universidad como espacio de pensamiento político y cohesión social.

Una oportunidad demográfica que permite relevar el rol político y democrático de la Universidad en tanto deja de ser una institución para las élites, y pasa a ser una institución en la cual todos y todas tenemos la capacidad y voluntad de adquirir, gestionar y utilizar conocimiento. Una institución que se ha masificado, donde hoy participan en su mayoría jóvenes que están en el peak del desarrollo moral y valórico; por tanto, como plantea el profesor Martínez: aunque no lo hagamos en forma explícita, la Universidad es un espacio de formación valórica y ciudadana.

Por último, una oportunidad política y social, ya que cuando nos referimos a formación ciudadana hablamos de los valores, actitudes y conocimientos orientados al bien común, la sustentabilidad y el compromiso público que tienen un fin de transformación y que ponen al centro la equidad y ética.