Hay que dar valor agregado a la industria nacional

Varias autoridades en Chile han definido como prioridad nacional la vinculación del capital humano avanzado con el sector productivo. En este sentido, los desafíos futuros en la industria necesitan de respuestas complejas y conocimiento de frontera. Es necesario el conocimiento científico para generar valor agregado en nuestra industria, por lo que es prioritario generar instancias de confianza y mutua cooperación.

En los últimos 10 años, la oferta de programas de doctorados en Chile casi se duplicó, de 135 programas en 2007 pasamos a 262 en 2017, pero la empleabilidad de este grupo hoy está principalmente en la academia, como se menciona en el estudio evaluativo de los programas de doctorado desarrollado por el MECESUP en el año 2014, , como también en un estudio de la Georgia State University en el año 2015, que señala el 57% de los doctores titulados en EEUU trabajan en el sistema universitario y solamente el 17% van a la industria, a diferencia de lo que ocurre en general en los países OCDE. Dicho esto, podríamos pensar que existe, en Chile, una desconexión entre la empresa y la investigación, y la innovación que se desarrolla en los programas de posgrado de tercer nivel.  

Para 2017, el gasto en I+D+I representó un 0,36% del PIB, 1,5% menos que en 2016. Esta fue la primera caída real desde el inicio de la Encuesta Nacional sobre Gasto y Personal en Investigación y Desarrollo del Ministerio de Economía. Si la financiación por parte del Estado aumentó en un 2% y los recursos provenientes de instituciones de educación superior crecieron en un 8%, la baja se explicaría por una caída en la inversión empresarial.

«Los industriales dicen que los científicos trabajan en cosas demasiado abstractas, que no les sirven a ellos, y los científicos, que los empresarios quieren los resultados a corto plazo, que son muy conservadores en su visión y que prefieren importar tecnología que desarrollar conocimientos propios» señala Moisés Wasserman, de la Universidad Nacional de Colombia, sobre lo alejados que están estos actores, cuando debieran ser capaces de intercambiar ideas   y proyectos.  

Prácticas como los programas de doctorados industriales pueden revertir esta distancia. Instancias en las que un proyecto de investigación enfocado industrialmente sea realizado en conjunto por una empresa del sector privado, un candidato a doctorado industrial y una universidad. El candidato es empleado de la empresa y, al mismo tiempo, está matriculado en la universidad y trabajando para el mismo proyecto de investigación en ambos lugares.

Este tipo de doctorados mantiene los mismos estándares académicos en cuanto a desarrollo de conocimientos del área, habilidades cognitivas y creatividad, pero incorpora a la formación, la capacidad de enfrentarse a retos altamente complejos, a menudo interdisciplinarios, y con requerimientos de viabilidad y calidad exigentes.

Rolls-Royce es uno de los casos más conocidos de empresas que utilizan esta estructura y desde hace más de 20 años que colabora con 31 casas de estudio de Inglaterra y el resto del mundo, para captar talento tempranamente y apoyar las líneas de investigación de la empresa de manera directa.

Por otro lado, a pesar de sus beneficios, también existiría cierta reticencia por parte de la academia, sobre todo desde la estructura de acreditación chilena, que tiene una concepción de la investigación más asociada a la publicación que a la aplicabilidad. En ese sentido, si bien generar papers es importante, no es lo único que debiera valorizarse. La Comisión Nacional de Acreditación y CONICYT, debieran cambiar algunos de los parámetros y crear una dinámica donde se valorice también a la innovación y la investigación aplicada a la industria.

Ahora bien, lo claro es que para contribuir al desarrollo del país debemos incrementar la capacidad innovadora del tejido socioeconómico y,  a nuestro juicio, para mejorar la competitividad de la industria nacional, debemos crear puentes de colaboración entre científicos y empresarios, ser aliados estratégicos de futuro, porque está claro que no podemos seguir  comercializando materias primas, sino que tenemos que ser capaces de incorporar conocimiento e innovación para generar productos con valor agregado.